Al cerrar la puerta caigo de rodillas inundando toda mi entereza ante el mundo. Espero sin saber qué espero, espero sin saber nada, espero...
Y en la espera no hay calma, me acribillan los rastros de promesas inconclusas, promesas caducas... me arrebataron la paz y el brillo de los ojos; espero una señal, me apago, soy ceniza...
A veces logro conservar la calma
¿Cuántos amaneceres más me faltan presenciar sentada a la orilla de la cama?... me abrazo con fuerza bajo las sábanas ahogando el grito que tengo que esconder detrás de una sonrisa cada mañana, no sé qué me duele más, fingir la sonrisa o las noches... y espero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario