Soy, en ocasiones, esclava del silencio y tras una imagen abierta y extrovertida, guardo celosa mi intimidad...
Callo mis sueños, quizá, por miedo al fracaso, con lo que sólo me quedaría agachar la cabeza y volver a soñar en silencio, en secreto...
Cierro los ojos y ahí, en mi oscuridad, sueño despierta y, en cierto modo, siento celos de mí misma y de las mariposas que revolotean por mi estómago, por compartir con ellas mis secretos... y entonces, me ruborizo...
Me da demasiado miedo el fracaso y mi orgullo no me dejaría compartirlo con nadie más...
Quizá mi orgullo sea también quien se niegue a cualquier consejo, a cualquier opinión que pueda bajarme de mi nube... no quiero que nadie juzgue si mis sueños son demasiado grandes o demasiado pequeños... Pero pasan los días y la ilusión se apodera de mí...
Siento deseos de gritar mis sentimientos, de poder compartir con alguien el secreto que me mantiene viva, la ilusión que ilumina mi cara con una sonrisa...
Cierro los ojos y abro mi corazón, siempre dueña de mis palabras...
Me desahogo y, al fin, puedo respirar, me siento más viva que nunca...
Tengo un motivo más por el que luchar, ahora no puedo fracasar...
Y siento que nada es imposible, ha dejado de ser sólo un sueño, sólo un secreto que formaba parte de mi silencio, sólo un cuento sin principio ni fin...
Mi sueño cobró forma de palabras, ya tiene voz...
No temais al fracaso pues el temor es el primero de ellos. ¡¡¡Y apesta!!!
ResponderEliminar